Fundació Miró


Edificio Moneo



Los estudios de Joan Miró no constituían el espacio adecuado ni suficiente para mostrar la colección de obras legadas por el artista catalán a la Fundació. La falta de un espacio expositivo en el que exhibir dicha colección hacía necesaria la construcción de un nuevo edificio. Este proyecto fue posible gracias a la generosidad de la viuda de Miró, Pilar Juncosa, que donó unos terrenos y ciertas obras de Miró para que fueran subastadas en 1986 por Sotheby’s a beneficio de la Fundació. Un año más tarde, Rafael Moneo, por aquel entonces chairman de la Graduate School of Design de Harvard, recibió el encargo de proyectar la nueva sede de la Fundació Pilar i Joan Miró en unos terrenos donados por Pilar Juncosa y adyacentes a los estudios de Miró.

Desde que Miró fijó su residencia en Palma en 1956, hasta el año 1986, el entorno de los talleres se había degradado considerablemente. La naturaleza había ido cediendo terreno ante el avance de las altas y desafortunadas edificaciones de los alrededores. Cuando, en el verano de 1986, Moneo visitó los terrenos para la nueva sede de la Fundació, quedó consternado ante el desastre urbanístico, lo que condicionó su diseño. El edificio de Moneo, desde la entrada misma al recinto de la Fundació, trata de ocultar al visitante la vista de las construcciones del entorno. Este objetivo determinó y condicionó todo el diseño de la Fundació, el cual consta de dos elementos arquitectónicos de hormigón claramente diferenciados, aunque estrechamente conectados entre sí. Por una parte, Moneo proyectó una construcción lineal de tres plantas y cubierta plana, con una única abertura al norte y con un pórtico al sur dotado de brise-soleils que tamizan la luz, y por la otra, un volumen en forma de estrella con una cubierta inundada de agua, una especie de trampantojo que simula acercar el mar al espectador emulando la vista de la que disfrutaba Miró antes de la destrucción urbanística. La planta estrellada recuerda una ciudadela que se defiende mediante sus baluartes del hostil entorno urbanístico que la rodea. En cambio, el interior del Espai Estrella se aleja totalmente de las características de una ciudadela. Los muros exteriores de hormigón filtran la luz mediante un doble tamiz de brise-soleils exteriores, revestidos por el interior de placas de alabastro traslúcido. Cuando el sol baña el edificio, este espacio estrellado se transforma en una caja de resonancia de las luces reflejadas por los estanques que lo circundan. Las ventanas bajas permiten al visitante establecer contacto visual únicamente con los estanques que lo rodean parcialmente y con los jardines.

El edificio Moneo posibilita la integración del arte en la arquitectura, en consonancia con los deseos de Miró. El exterior de una de las puntas del volumen estrellado está decorado con un mural cerámico inspirado en una obra de Miró y realizado por la ceramista Maria Antònia Carrió. Los jardines de la Fundació recuperan en parte el entorno natural perdido y además permiten la fusión entre arte y naturaleza por la que siempre había abogado Miró. En una entrevista concedida en 1951, Miró había afirmado: “Una escultura tendría que erigirse al aire libre, en medio de la naturaleza”(1). Las esculturas de Miró obedecen a estos principios y se integran en su entorno paisajístico.

El edificio diseñado por Moneo proporciona a la Fundació Pilar i Joan Miró espacios expositivos, biblioteca, auditorio, oficinas, tienda y cafetería. También la cafetería alberga un mural cerámico realizado por Joan Gardy Artigas a partir del esbozo para la pintura mural de Cincinnati del año 1947. Esta nueva sede de la Fundació se inauguró el 19 de diciembre de 1992.

(1) Entrevista de Georges Charbonnier a Joan Miró, 1951, en Margit Rowell (ed.), Joan Miró: Selected Writings and Interviews, Londres: Thames and Hudson, 1987, pág. 221.