Fundació Miró


Exposición permanente



Exposición de obras de Joan Miró

El Espai Estrella presenta una selección de obras de Miró que otorgan protagonismo al color rojo, un color cálido, vital e inquieto. En 1965, preguntado por su color favorito, Joan Miró respondió: “El blanco inmaculado de una pared de cal, que permite poner un azul onírico y un rojo de pasión”.

Miró privilegió el rojo en sus obras, desde su primera etapa, cuando pintó L'Éventail rouge (El abanico rojo) en 1916. Tímidamente, el rojo fue introduciéndose en las pinturas oníricas de los años veinte, revistiendo cualquier morfología -barretinas, humos flameantes, corazones apasionados, sexos escarlata, trazos firmes, explosiones bermellón, círculos o formas ovoides, posibles soles fulgurantes. Se tiñeron también de rojo algunos de los paisajes de ese mismo período. El rojo iracundo traduce enérgicamente la rabia que late en las pinturas salvajes de mediados de los años treinta. El rojo contagió su alegría al conjunto de óleos de fondo frambuesa, "Varengeville I", de 1939, y en menor medida a las Constelaciones (1940-41). A partir de ese momento, el auge del color rojo se hizo ya imparable, en especial, cuando los colores primarios prácticamente se adueñaron de la paleta cromática. Miró permitió asomarse al color rojo de manera cambiante e intermitente en las diferentes fases de su producción artística y en la mayoría de los medios de expresión plástica, pintura, dibujo, obra gráfica, escultura, cerámica, murales o tapices.

El rojo se abre paso entre la maraña de trazos negros de la pintura Mai 68 (1968-1973). El título de la exposición rinde homenaje al poema homónimo que el cantautor valenciano Raimon dedicó al artista Joan Miró en 1968. La presentación de la exposición opera como una llamarada de fuego que se aviva bruscamente para ir amortiguándose paulatinamente hasta desvanecerse casi por completo. Siguiendo ese principio, las obras se han agrupado, en función del protagonismo e intensidad del rojo, en dos ámbitos diferentes. La exposición está integrada por pintura, dibujo, cerámica y obra gráfica, junto con pruebas de estampación. Estas piezas fueron creadas entre los años cincuenta y los años ochenta.

El protagonismo del rojo en el primer ámbito destaca particularmente en una xilografía y en una aguatinta sobre papel. En las obras del segundo ámbito, el rojo gradualmente va cediendo terreno. Siguiendo la estela de un dibujo títulado "Accent rouge" de 1977, las obras de este ámbito presentan acentos, trazos o notas de color rojo que realzan el resto de la composición, como se observa en Fusées (1959) y Personnage (1963). A lo largo de la exposición, el rojo configura paisajes inexistentes, mujeres despeinadas, cabezas de mujer, bailarinas ingrávidas, pájaros, animales, personajes insólitos, constelaciones, soles refulgentes. El rojo genera proyectos de pintura, escultura, obra gráfica, y murales como el boceto para el mural cerámico del aeropuerto de Barcelona. El rojo origina meandros, eclosiona como una flor, invade parcialmente el soporte, lo surca, lo salpica, lo mancha. Lo inunda con insolencia o, por el contrario, se insinúa tímidamente.

La exposición se completa con un documental que explica la importancia de Montroig para Miró, dirigido por Martí Rom, en 1979. La muestra continúa en la biblioteca con la presentación del libro Monument à Christophe Colomb et à Marcel Duchamp, ilustrado por Miró, en colaboración con otros artistas. La biblioteca alberga, además, el manuscrito del poema de Raimon dedicado a Joan Miró, junto a poemas de Rafael Alberti, Michel Leiris o Shuzo Takiguchi.

A Joan Miró

De un rojo encendido
querría las canciones.

De un rojo encendido
querría la vida.

De un rojo encendido
todos los amores
De un rojo encendido.

De un rojo encendido
este rincón tan peligroso;
la gente de aquí y la de fuera
que fuesen todos
de un rojo encendido.

De un rojo encendido
querría el mundo,
y decir las cosas
tal como son.

Raimon, 1968